La sorpresa de Eric / Costa Rica

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“La sorpresa de Eric” casi que se ha convertido en el nombre este viaje. Al final ha sido por él que ha ocurrido todo esto. Es como que el personaje principal de esta web ha pasado de ser de un chaval alicantino en bici a un catalán muy personaje que vive en Costa Rica.

De cualquier manera, este viaje era algo que tenía pendiente desde hace años. Ya cuando estaba en Nueva Zelanda pensaba en que después de subir y bajar montañitas en bici me iría a ver a Eric al Caribe tarde o temprano.

Bueno pues aquí estamos. La historia es que Koldo, Eric y yo, entre otros muchos, vivimos juntos durante un tiempo en Lisboa. Como no podía ser de otra manera el surf nos unió mucho y desde entonces, pasara lo que pasara, un vasco, un catalán y un alicantino, hemos sido siempre muy amigos.

Koldo y yo nos hemos venido a darle una sorpresa pero como hemos sido poco cautelosos y el catalán ya de por sí es bastante avispado el tío sabía que veníamos.

Eric vino aquí a Costa Rica en búsqueda de algo. Cuando vivíamos en Lisboa se dedicaba a cualquier cosa que no hiciera el resto. Él coleccionaba sellos antiguos que encontraba en viejas fábricas, tallaba figuritas de madera, decoraba la casa, se tomaba su café rutinario con los vecinos portugueses del barrio de Alfama y de vez en cuando daba conciertos de música.
Alto, flaco, con las manos enormes y un estilo único el tío era capaz de engatusar a cualquiera con su elegancia despreocupada.
Una vez aquí estuvo dedicándose a sus tareas; vendía surfistas de madera hechos por él en los puestos del mercadillo, tallaba letreros para los hoteles de la zona y se buscaba la vida con tal de surfear. Como nos pasa a todos los que vamos detrás de las olas. Hacer absolutamente lo que sea pero con una única condición: que haya olas.

Por un motivo u otro se vino a la costa del Caribe y acabó en un pequeño pueblo muy auténtico llamado Puerto Viejo. Entre una cosa y otra Eric iba haciendo su vida al ritmo caribeño hasta que un día nos contó que ya había nacido su hija. Sí, Eric ya tenía una hija. – Tío, ¿Te acuerdas de cuando Eric nos dijo que se iba a Costa Rica?, pues ha tenido una hija -.

Las cosas le fueron llegando caídas del cielo como cuenta él. Conoció a Lara surfeando en Playa Grande; se enamoraron y Eric le escribió muchos mensajitos de Facebook aunque le cueste reconocerlo; la verdad es que no es alguien a quien le vaya mucho el tema tecnológico. Creo que nunca ha tenido un ordenador desde que se fue de casa.
Fueron pasando los años, un poco de aquí un poco de allá, Lara tuvo un par de oportunidades, Eric también y al final acabaron creando un hogar precioso y muy especial desde el que estoy escribiendo esto.
Lara dice que no existe termino medio con el Caribe; que o te encanta y te enamora o no quieres volver.

Aquí los días son intensos bajo el sol. La humedad te empapa hasta el cerebro, la ropa siempre está mojada y las toallas huelen a humedad. Como cuando te olvidas de sacar la lavadora y al día siguiente todo apesta pero continuamente. Hay iguanas en los árboles, ardillas, conejos sin rabo, monos que gritan como en un estadio de fútbol, arañas de medio metro, serpientes, perezosos, grillos y un montón de cosas más que no ves y que viven encantados en la selva en este paraíso de la humedad. A cambio el caribe te envuelve en un ritmo de vida marcado por el sonido de las olas. Por la melodía de los pájaros al amanecer y la luz de las luciérnagas al dormir. Es el encanto de compartir la selva con los animales.

Esto es como en las pelis. Como esos piratas que veías de pequeño en las películas. Esos que desembarcaban en islas perdidas entre mares azul turquesa para agarrar un coco que cortaban con machete y emprendían una búsqueda para encontrar un tesoro. Pues igual sólo que para nosotros el tesoro son las olas; lo bueno es que es un tesoro infinito. Una vez lo has descubierto ya eres rico para siempre.

Eric y Lara viven a las afueras de Puerto Viejo y nos han enseñado mucho acerca del país, de la gente, de la cultura local y de las olas. Puerto Viejo, aunque sea algo turístico, es un lugar que preserva su esencia y en el que sus gentes, por lo menos esa impresión me ha dado, disfrutan mucho de donde viven. La historia de estos mares es pirata total. Todavía conserva esa estética y es lo que lo convierte en un lugar tan especial.
Hace unos seis días que estamos aquí y todavía nos queda mucho por descubrir. Aquí os dejo este primer capítulo en vídeo acerca de un país tan salvaje bañado por el pacífico y el caribe y donde uno puede probar a vivir eso que los de aquí llaman “puravida”.

 

 

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