#dontfollowthisbike capítulo 35 de Gisborne a Wellington

Logan Murray web

Capítulo 35, surfeando en casa de Wayne en Gisborne y de camino a Wellington para cruzar en el ferry a la isla sur. Disfrutando del buen tiempo antes de llegar a las nevadas montañas de la isla sur. Voy cagadito de miedo hacia abajo.

He puesto la foto del granjero surfeando la vaca porque tiene un significado especial para mí. Y todo empieza en casa de Wayne.

Mi amiga Rose, la hermana de Rob, me llamó para decirme que su compañero del trabajo Wayne Spence vivía en Gisborne, que era surfero y estaría encantado de recibirme. Me dio su número y yo le llamé. Me respondió diciendo en Español “buenos días”. A los diez minutos me citó en su oficina, el ministerio de educación de Nueva Zelanda y me invitó a su casa.

Llegamos a casa de Wayne. Un lugar minimalista de madera, mirando a las mejores olas de Gisborne y con buena música saliendo por todos lados continuamente. Como un spa de los de ahora pero de verdad. Los Spa dan a una calle de atrás a veces, están en el centro de una ciudad, tienen los cristales turbios y no hay olas enfrente. Esto era de verdad, era la relajación total. Pintura blanca, carpintería del color del mar, vistas al infinito, todo impoluto. No hay cosas por en medio. Todo está distribuido acorde con tu paz interior. Las mejores revistas de surf están sobre las mesas y sofás. Cuadros, fotos y pósters de surf se acumulan en una esquina a modo decorativo.
Wayne es el tío más organizado del mundo. Tiene todas las tablas en el garaje bien ordenadas, por tamaños, en un rack de madera hecho por él. Claro, todo Kiwi tiene que tener en su casa algo hecho con sus propias manos. De verdad que esto es una costumbre en Nueva Zelanda.
Los trajes los tiene colgados, junto a las tablas, ordenados por grosor. La parafina para la tabla está en una caja especial, las llaves de quillas en otra caja aparte y me dice en voz alta: “¿estás listo?¡nos vamos a surfear!”

Wayne es un tío de pocas palabras. Sencillo. Honesto. No dice mucho, así no mete la pata. En lo que dice acierta. Y ya está. Fácil. Comparte contigo todo lo suyo. No pregunta para no molestar.
Pero el que no para de preguntar soy yo. Resulta que estoy pasando unos días con una leyenda del surf en Nueva Zelanda. A medida que pasan los días me voy enterando de la historia. Wayne formó parte del jurado de la ASP (Association of Surfing Professionals) y además era el presidente de la asociación de surf de Nueva Zelanda.
Por el pueblo todo el mundo le saluda y cuando me pongo a pensar me doy cuenta de que entonces tiene que conocer al otro Wayne que yo conocí en Mangonui hacía unos meses, en la región de Northland: Wayne Arthur; el marido de Daisy, la fotógrafa que retrató el surf en Nueva Zelanda en los años sesenta, setenta y ochenta. Cuando se lo pregunto a Wayne se me queda mirando y no responde. Coge su teléfono llama alguien. ¡Wayne! Exclama, “¿A que no sabes a quién tengo aquí?” Y me pasa el teléfono a mí.
Efectivamente, Wayne Spence y Wayne Arthur son amigos de toda la vida y de hecho Wayne Arthur cogió el relevo de la presidencia de la asociación de surf de Nueva Zelanda después de Wayne Spence.

La cosa no termina aquí. Si yo ya estaba emocionado todavía quedaba chicha por venir.
White Horses es una de las mejores revistas de calidad de surf que existen. Es Australiana. Mientras nos comemos unos sushi que ha comprado Wayne en el pueblo después de surfear comento con él la portada de la revista. Qué casualidad que justo salga en portada las olas de enfrente de casa de Wayne. “Claro”, me responde, “me la ha traído a casa el fotógrafo, que es amigo mío”. “¿De verdad conoces a Murray Logan?” Le pregunto. Antes de que pueda cerrar mi boca de asombro está llamando a Logan para decirle que venga a casa que hay un Español que quiere conocerle.

Al día siguiente vamos a ver a Logan. Tenía que ser antes de las ocho de la mañana porque se iba a hacer un reportaje a Raglan para el siguiente número de la revista. Casualidad increíble que fuese a entrevistar a alguien con quien yo estuve viviendo cuando estuve por allí pero que no puedo decir porque saldrá en la revista.
Logan vive un par de calles más debajo de Wayne. Es el fotógrafo más conocido que ha retratado el surf en Nueva Zelanda los últimos treinta y cinco años y ha ilustrado las mejores revistas de surf del mundo con la esencia del surf en este país.
Antes de ir a su casa yo me estudio de “pe a pa” el libro de fotografía que publicó él mismo y habla de su vida. Me llama la atención una foto de un granjero surfeando una vaca. Sobre todo por el pie de foto.

Llegamos a casa de Logan y nos recibe con mucho encanto. Una casa de madera, sencilla, acogedora, con un gran ventanal que da al jardín y desde donde se ven limoneros, naranjos y una higuera. Se nota que en Gisborne hace más sol que en otros sitios.
Pongo a Logan junto al ventanal y nos ponemos a hablar. Desde que me acosté la noche anterior estoy con la pregunta en la punta de la lengua, dándole vueltas a la cabeza, la pregunta que me viene rondando desde que empecé el viaje y de lo que he hablado mucho en esta web. ¿Qué ha sido de la cultura del surf de los sesenta? Y todo lo relacionado con ese tema; por qué todo el mundo que conozco son clásicos del surf y me hablan de los sesenta y setenta, por qué veo furgonetas surferas clásicas abandonadas, clubs de surf míticos cerrados…

Logan me cuenta cómo hoy en día existen para él dos culturas del surf bien diferenciadas en Nueva Zelanda. Los “Flat White” que llama él. Que son surferos recién salidos de un bonito y moderno café con sus ropas cuidadas y las mejores tablas del mercado y por otro lado los “Farmers” que son surferos no preocupados con su aspecto exterior, que visten con pinta de granjero porque hace frío y porque viven en las granjas cerca del mar.

Y entonces yo le saco la foto del granjero surfeando una vaca de su libro. Se empieza a reír y yo le doy las gracias por la entrevista. Le digo que precisamente para mí el surf en Nueva Zelanda es justamente lo que representa esa fotografía. Le cuento a Logan cómo, a través de mi viaje, he tenido una perspectiva del surf en Nueva Zelanda muy curiosa y que está siendo muy auténtica. Desde que llegué, a través de poder tener la suerte de viajar de esta manera, han sido muchísimos granjeros los que me han acogido y contado la historia del surf de este país. A mi sorpresa, surferos que, lejos de ser localistas, llevar coches surferos y tener pinta de surferos, eran gente de campo, vestida con botas de agua, con olor a barro y cabra y con los brazos abiertos a enseñarle a alguien de fuera dónde surfear.
Granjas como las de la foto de Logan, vallas eléctricas, lugares inaccesibles, valles forrados de césped, olas perdidas, vacas, cabras y ovejas es lo que hay en mi cabeza cuando pienso en Nueva Zelanda.

Les doy las gracias a Wayne y a Logan de poder estar allí con ellos y entonces me doy cuenta de lo afortunado que soy de poder viajar así para llegar a conocer a la gente que cuando era pequeño miraba y admiraba en las revistas de surf.

Ahora me los encontraba y los conocía de verdad, en persona. Es el viaje del destino el que me lleva en esta aventura, es el destino del viajero.

Espero que estéis viviendo y disfrutando de esta aventura tanto como yo lo estoy haciendo.
Gracias a todos los que me apoyáis y me habéis ayudado a que pueda hacer este viaje.
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