#dontfollowthisbike capítulo 22 de Auckland a Dargaville

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Capítulo 22, últimos días surfeando por la zona de Auckland y ya de camino al sprint final de la isla norte. La región de Northland. El tramo desde Dargaville hasta Cape Reinga.
Hace apenas unas horas antes de que estuviera escribiendo esto me he perdido por los caminos en mi ruta. Se ha puesto el sol y he tenido que pedir en una granja que me acogieran porque necesitaba hacer mi película. Muy amablemente me han acogido y me encuentro ahora mismo en mitad del campo de camino a Ahipara. Allí es donde quería llegar pero no he llegado porque el camino ha sido muy duro y no podía más.

Todo lo que me ha pasado hasta aquí ha sido divertidísimo y me muero de ganas de contarlo; pero va a tener que ir en el siguiente capítulo, el 23.

Atrás dejé las olas de Piha, Maori Bay, Muriwai y las famosas izquierdas secretas que estuvimos surfeando. Tenía ganas de volver a ponerme en marcha; la verdad que echaba un poco de menos mi “rutina” de pedalear. (cosa que vuelvo a aborrecer en cuanto me encuentro con las cuestas de siempre).

Llegué a Dargaville justo el día que hacían el mercado local y acabé haciendo varios amigos. La holandesa que vendía quesos me regaló uno buenísimo y Lisa, la chica del circo, me invitó a encontrarme con ellos por la noche para poder ir a probarlo todo.

Por fin conocía a alguien que sabía de quesos. Hacía tiempo que quería preguntar un montón de cosas al respecto. Los Kiwis me preguntan muchas veces qué me parecen los quesos de aquí. No sé responder muy bien porque en Nueva Zelanda no hay muchos mercados pequeños, lo que suele haber son supermercados. Y en los supermercados lo que hay es el queso normal en bloque de toda la vida. Que está bueno sí, pero es el mismo que todos lados del mundo casi. Es verdad que en las casas de gente de aquí he probado quesos buenísimos pero porque los consiguen de las granjas y lugares que conocen y no es del todo fácil encontrar.
La holandesa me contaba que en la cultura Europea el queso ha formado parte de nuestra dieta desde hace mucho tiempo. Ella dice que cuando aterrizó en Nueva Zelanda, la materia prima era buenísima pero no sabían hacer queso, no había tradición. Según ella están aprendiendo a hacer quesos buenos ahora.

Por la noche fui con los del circo, la gente era simpatiquísima, podías probar cualquier objeto del circo y te enseñaban a usarlo. Hay una compañía de circo en el pueblo subvencionada por el estado y se dedican a hacer shows y actividades de integración social. A mí me sorprendía que Dargaville, siendo lo pequeño que es, tenga hasta un circo y abran las instalaciones del pueblo a quien quiera ir a aprender. Recuerdo que esa noche había niños, jóvenes, familias, señoras, de todo; la gente iba a pasárselo bien, a aprender y a hablar un rato. Son el tipo de cosas por las que Nueva Zelanda soprende mucho a veces. No esperes nada de ambiente ni algún tipo de diversión a partir de las 17:30 de la tarde sin embargo, y a menudo, existen pequeñas curiosidades como la del circo. Las comunidades en los pueblos suelen hacer muchas cosas en común. Eso sí, los horarios es algo que sigo llevando muy mal aun después de cinco meses. Nunca entenderé que a partir de las 17:30 de la tarde el día ya se haya acabado. Entiendo que es el ritmo biológico y solar pero es un aburrimiento tremendo. En España la tarde empieza a las 17:30 y se pueden hacer muchas cosas más. Por eso todo el mundo se quiere vivir allí; en eso somos los mejores.

Estando por el pueblo conocí a Jono, un australiano que lleva montando en bici diez años. ¡DIEZ AÑOS! Me decía yo para mis adentros. Dice que al final te acostumbras a no echar de menos estar en casa. Nos hicimos muy amigos y estuvimos pasando un día juntos. El tío lleva una bici hecha polvo y un montón de cosas hechas como por él. La batería de su móvil era una batería externa que había apañado él de alguna manera muy manitas, su bici, su ropa, todas las cositas que llevaba habían sido arregladas por él. Yo estuve preguntándole de todo claro, no puedo más que fascinarme por esa gente que lleva viviendo la vida nómada hace diez años. Fuimos a la playa y en un momento de calma le pregunté ¿Qué es lo que has aprendido en estos diez años? Y me dijo que había aprendido a no ser tímido y a conocerse a si mismo.
En mi caso yo diría que conocerme a mi mismo es lo que más he aprendido hasta ahora. Yo creo que son los viajes así en los que tienes tiempo para dedicarte a conocerte mejor y conocer las cosas que te dan miedo, las cosas que mejor sabes hacer y las cosas que te gustaría cambiar. Me imagino que hay gente que nace buena y es buena para toda la vida, sin tener que conocerse ni perder el tiempo en esas cosas. Pero no para todos es tan fácil.

Nos dimos cuenta de que al atardecer venía gente en parejas de vez en cuando a escarbar en la arena. Fui a preguntarles y resulta que en determinadas épocas del año hay una especie de mejillón blanco que vive a un par de centímetros de la arena. Solo hay que acertar haciendo agujeros y sacarlos. Es legal sacar hasta 150. Nosotros sacamos 150 y los cocinamos al vapor con mantequilla y ajo y estaban buenísimos.

Al día siguiente, después de unos ajustes técnicos y apaños en la bici retomaba el camino destino Ahipara. Hay una izquierda muy buena de la que me han hablado y la quiero surfear. El camino era largo, había que atravesar el bosque de Waipu y sus árboles centenarios, llegar hasta el antiguo puerto de Hokianga, curzar en ferry, pasar por varios pueblos remotos  y llegar hasta allí. Creo que la emoción por llegar a surfear cuanto antes a Ahipara me pudo y he calculado regular estos tramos. Lo he pasado un poco mal hacia el final del día por todas estas cuestas.
He de decir que la región de Northland es muchísimo más bonita de lo que esperaba. Los paisajes están siendo preciosos. Muy salvajes y con muchos contrastes. Colinas mezcladas con picos escarpados, praderas con bosques, ríos y lagos… Es una zona muy auténtica y con mucho significado para la cultura Maorí. Todas estas tierras fueron las primeras habitadas por los Maorís. El 80% de la población de esta región es Maorí. Para mí es genial. Los Maorís son más tranquilos o relajados que los europeos y son todavía más hospitalarios por lo general.

Llegar hasta donde estoy ahora mismo, Herekino, ha sido un suplicio y una sucesión de anécdotas muy curiosas y divertidas que os tengo que contar en el capítulo 23 porque no me cabían en este. El invierno ha llegado, ya casi no hay guiris y parece que los caminos y carreteras los han abierto para que mi bicicleta, mi tabla y yo los recorramos sin encontrarnos con nadie más que los curiosos animales que vienen a visitarnos.
Estoy inmerso en esta tierra, estoy viajando.

¡Espero que estéis viviendo y disfrutando de esta aventura tanto como yo lo estoy haciendo!
Todo lo que veis lo he grabado con un Nokia Lumia 1020, editado en una Surface Pro que llevo en una alforja y alojado en la nube con Office 365.

¡Gracias a todos los que hacéis posible que esto funcione!
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