#dontfollowthisbike capítulo 21 Port Waikato y Auckland

IMG_3334

 

Capítulo 21, acabo de pasar el ecuador de mi aventura en Nueva Zelanda. Este documental son 40 capítulos en vídeo; así que esto significa que ya voy “de vuelta” a casa. Esta semana no he parado y vais a ver de todo. Desde las Nikau Caves pedaleando por caminos perdidos donde cristo perdió el gorro pasando por Port Waikato y para llegar hasta Auckland.

Hace poco conocí a unas hermanas de origen maorí que estaban trabajando en arreglar la carreterita que va a la playa en Port Waikato. Estuve hablando con ellas un rato y al final acabamos cenando juntos. Les pregunté de dónde eran y se rieron al decir el nombre de su pueblo. Es tan pequeño que no lo conocería. “Waikaretu” me dijeron. A lo que les respondí  “Ah sí, donde las Nikau Caves ¿no?. Se quedaron alucinadas y me dijeron que cómo demonios conocía aquello. Yo les dije que era amigo de Anne y Phil, los dueños del café de las Nikau Caves y que estuve viviendo con ellos y cocinando tortillas de Kumera. Precisamente había sido Anne quien les había conseguido el trabajo a ellas.
Pues eso, que montando en bici, como pasas por todos los pueblos, y por todas sus cuestas, no hay nombre que olvides.

Las Nikau Caves con Anne y Phil fue una pasada. Son un matrimonio encantador que me acogieron durante unos días. En el capítulo 19 al final del vídeo veis una parte de mi estancia allí y en este la parte que quedaba. Son divertidos, graciosos, abiertos y muy muy buena gente. Les dije que me encantaría volver alguna vez.
Ellos me dejaron una caseta de madera que tenían en el campo, al lado de las verduras que cultivaban y yo, a cambio, por las noches cocinaba la cena porque ellos estaban cansados. Llevan el negocio del café y también las rutas guiadas a las cuevas hace unos ocho años. Pero siempre han vivido allí.
Es una construcción de madera rústica en medio de un valle precioso. Casi que no pasa nadie por allí.

Yo estuve esperando para poder ir a ver las cuevas. No llevan a una persona sola así que tenía que esperar a que llegase alguien. Un día vino un vecino de un pueblo cercano donde tienen unas cuevas similares y quería aprender cómo hacía Phil la ruta. Así que me invitaron a ir con ellos.
Por favor, el que no esté totalmente cómodo en un ascensor que no se meta nunca en una cueva así. Cuando llegó el momento de pasar todo el cuerpo por una grieta, llegar hasta tan abajo y avanzar arrastrado por el agua, en un hueco de medio metro durante unos veinte metros de longitud pensé de repente “Vale, ¿y si me quiero salir ahora de golpe porque me he agobiado qué pasa?” Nada, que sencillamente no puedes porque la salida de las cuevas está a una hora por el otro lado.
Caminar por debajo de la tierra durante casi dos horas, escuchar los sonidos de las profundidades y sentir el frío y la humedad que había es una experiencia muy emocionante y que me encantó pero he de decir que hay que estar preparado para estar tranquilo en la oscuridad y sin poder salir durante un par de horas. Al que no le guste eso podría experimentar el peor momento de su vida. A mí, como de costumbre, me podía la curiosidad y quería ver lo que había ahí dentro como fuese. Es verdad que en algún momento pasé cierto agobio pero era tan emocionante estar tan abajo que esa sensación me hacía olvidar el agobio.

Las Nikau Caves y su entorno es la cosa más salvaje que te puedas imaginar. Les estuve entrevistando y me decían que para ellos aquello es el paraíso y que están muy felices allí desde que llegaron.

Cuando la lluvia me dio un descanso volví a coger la bici y retomé el camino hacia Port Waikato. Como había estado lloviendo una semana sin parar todos los días el campo estaba exuberante. Nueva Zelanda no es que sea famosa por su variedad de mamíferos pero si en cambio por la infinidad de razas autóctonas de pájaros que habitan en la isla. Cuando voy de ruta, si salgo pronto, me cruzo de todo. En este capítulo veis halcones o algo similar que encontré y que veo a menudo. Según lo que he estado buscando creo que es un “Swamp Harrier” o algo similar. Lo podéis ver haciendo click aquí.
Conseguí grabar un par de ellos, pero había muchos.

Al llegar a Port Waikato me impresioné de lo pequeño que era. Sabía que era una medio aldea pero me esperaba por lo menos algún sitio donde poder comprar de comer. Lo único que tiene Port Waikato es el río Waikato, que es el más grande de Nueva Zelanda, una playa increíble y un “dairy” donde poder comprar pan malísimo, mantequilla y alguna salchicha. Un clásico en Nueva Zelanda. Los “dairy” son como una tienda de ultramarinos que tienen un poco de todo pero bastante más caro de lo normal. Es algo que nunca entenderé de aquí; cómo los pueblos pequeños no tienen pequeños mercados, gente que venda lo que produce en el campo, cositas típicas de la zona. Es difícil encontrar cosas así en los pueblos; ni siquiera una panadería. Aquí comen pan de molde por lo general.
Sin embargo el pueblo tiene una actividad tremenda. Los habitantes han formado una comunidad muy unida y no paran de organizar actividades juntos.

En la entrada del pueblo había un cartel grande donde anuncian los próximos eventos. Cuando yo llegué se podía leer “pink breakfast tomorrow, community hall”. Al llegar a la playa para ver si podía surfear me di cuenta de que el “community hall” estaba justamente allí. Una vez más la curiosidad me podía y me asomaba por toda las ventanas a ver qué era eso del Pink Breakfast. Al final conseguí colarme y conocí a la famosa “Jaquie”. Jaquie es la tía más personaje de todo Port Waikato. Estuvimos hablando, nada más conocernos, durante una media hora hasta que acabó invitándome a dormir a su casa. A los pocos días me di cuenta de que había ido a parar a buen puerto. Todo el mundo en el pueblo conoce a Jaqui y la gente me hablaba de maravilla. Esa noche estuvimos contándonos historias de la vida, cada uno las nuestras pero muertos de la risa los dos y ella cocinaba tortillas de “white bait”. Es un pescado pequeño, parecido a un chanquete, muy típico de la costa oeste de Nueva Zelanda, tanto de la isla sur como de la isla norte. En todas las desembocaduras de los ríos se pesca mucho white bait. A los kiwis les encanta.

Jacqui vive con su marido Colin y su hijo Garian. Tienen además una hija que no recuerdo el nobre y vive fuera. La casa de los Church está casi sobre la propia arena del río Waikato y las vistas hacia la desembocadura y las dunas de la playa es preciosa. Ellos no paran de quejarse de que es una casa antigua y cosas así pero para mí era todo un lujo. Los church son de Auckland pero se habían mudado al campo porque decían que habían cambiado unos cuantos lujos de la ciudad por vivir más tranquilos. “Más vida y menos trabajo” me decía Jacqui. Según los que cuentan los Kiwis los precios de Auckland se están poniendo imposibles y parece que está siendo un problema importante para mucha gente local. Casi no pueden permitirse vivir allí.

Jacquie y su marido tienen una pequeña empresa de alimentación. Proveen a cafeterías y pequeños hoteles. Dicen que les apetecía tener una empresa juntos no muy grande. Después de unos cuantos años trabajando mucho les apetece trabajar menos y tener más tiempo libre según lo que me cuentan.
Jacquie además es alcaldesa de la región al otro lado del río. Es la típica mujer que está involucrada en todo lo que puede y que hace cosas por amor al arte. La casa, además de tener vistas sobre el río, está llena de un montón de cosas divertidas. En el garaje, al lado del quad y el banco de herramientas de Colin hay una serie de filas de cajas de plástico apiladas marcadas con nombres. Hay disfraces, pinturas, pelucas, vestidos, herramientas, zapatos, botas, trajes de neopreno y en fin, un montón de cosas que Jacquie me va contando casi atragantándose de lo rápido que habla y lo impulsiva que es.

Como a los dos nos encanta hablar, esa noche acabamos en la terraza de madera, sobre el río, comiendo un queso que por lo visto era de la granja de una familia que vive cerca y es lo mejor que puedes comer de la zona. Jacquie me explicaba su teoría del pastor y las ovejas. Contaba que, sin ser ni mejor ni peor, en la vida hay gente que es pastor, que guía, que toma sus decisiones y hay otros que prefieren seguir al resto.
Decía que en muchas ocasiones nos ponemos “peros” a lo que queremos hacer y acabamos no haciéndolo.
Yo no sé bien qué pensar. Lo que sí que sé es que cuando me apetece hacer algo no me aguanto a hacerlo y si no lo hago me siento muy triste de no hacer lo que me propuse.

Me preguntó que si me gustaban los quads, que tenían uno en el garaje y que lo cogiese si quería. Inmediatamente estaba yo ahí abajo moviendo cielo y tierra para poner en marcha eso e irme a investigar por el pueblo. En Nueva Zelanda, otro clásico, puedes hacer lo que quieras por la playa, meter el coche, el todo terreno, la moto, el quad, lo que quieras. Así que me recorrí toda la playa de norte a sur y me metí por las dunas de la desembocadura del río. Como es tan ancho, por cierto es el río más grande del país, y la marea estaba baja, se podía recorrer e por la orilla. Incluso hasta de vuelta a casa.

Jacquie y su familia  me trataron muy bien y nos hicimos muy amigos. Ella conoce a todo el mundo y me estuvo poniendo en contacto, mandándome emails y llamándome con mil ideas para mi proyecto. Es una de esas mujeres que no puede dejar de pensar en cosas nuevas. En eso nos parecemos bastante. Algunas de sus ideas están tomando forma y pronto me veréis, no sé si vestido de rosa como en el periódico de Port Waikato, pero con mi bici y mi tabla en el Franklin News.

Entonces llegó el momento de ir a la ciudad. A Auckland, la ciudad más poblada del país y con un millón y medio de personas. Un cuarto de la población de Nueva Zelanda vive aquí (por eso el resto son ovejas) y es el núcleo urbano más poblado de todo el pacífico. Esto suena genial pero la ciudad es la cosa más insípida del mundo. Es como que está muy bien, muy bonita, muy moderna, pero la realidad es que parece que no pasa nada. Está llena de gente que va hacia un lado y otro pero no está ocurriendo nada. Las avenidas son enormes y hace mucho viento; los edificios muy altos pero parece que no viva nadie. Por la noche la gente va borracha y piden dinero. Hay una zona de bares cerca del puerto agradable pero la gente sigue yendo de un lado a otro y es difícil encontrar un sitio curioso. Yo voy deambulando, me siento un poco guiri haciendo fotos, hacía mucho tiempo que no veía a tanta gente cruzar un paso de cebra, le hablo a la cámara yo solo y me compro una botella de vino.

Menos mal que mi amigo Michael vive aquí y he pasado unos días con él. He visto una cara de Auckland bastante diferente. Ellos viven en una casa compartida con jardín. Tiene amigos que hacen su propia cerveza, fuimos a conciertos juntos, me llevaron a surfear y me han estado enseñando cosas divertidas de la ciudad que hubiese sido complicado sin alguien de aquí.
Además también he ido al cine, y me ha costado 18 dólares. Un precio muy asequible. Puedes elegir entre comer un día entero y dormir o ir al cine.

Estos días, con Michael y junto a Pablo, un amigo de Granada que conocí en Alicante y que se ha venido a buscar curro, hemos estado surfeando olas increíbles que los locales no me han dejado grabar mucho. He estado durmiendo en la playa, en casas de surferos que he conocido a través de Michael y hemos estado esperando a que rompiese una ola poco conocida. No es fácil que rompa, necesita unas condiciones muy concretas pero si la consigues pillar buena puede que sea de las mejores olas de Nueva Zelanda. Esta gente me ha tratado muy bien, me han llevado a pillar olas perfectas sin nadie y a ver lugares preciosos que no me han dejado grabar de cerca pero que os contaré con un poco más de detalle si puedo en el próximo capítulo.

Michael me entrevistó ayer para publicar un artículo acerca de mi historia en algún periódico de Auckland. Al final de la entrevista me preguntó qué ha sido lo mejor del viaje hasta ahora. Le dije que ellos, los Kiwis, por ser como son. Y le encantó. Es la verdad. Si no fuese por ellos este viaje no sería tan fácil.

¡Espero que estéis viviendo y disfrutando de esta aventura tanto como yo lo estoy haciendo!
Todo lo que veis lo he grabado con un Nokia Lumia 1020, editado en una Surface Pro que llevo en una alforja y alojado en la nube con Office 365.

¡Gracias a todos los que hacéis posible que esto funcione!
Seguidme en
http://www.youtube.com/atilamadrona
www.facebook.com/atilamadrona
www.instagram.com/atilamadrona

www.Twitter.com/atilamadrona


Y suscríbete a este canal para ver todos los capítulos que voy poniendo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s