#dontfollowthisbike capítulo 15 de New Plymouth a Raglan

Capítulo 15; he pedido unas piernas nuevas porque las mías ya no dan más.
Esta semana he recorrido desde New Plymouth hasta casi llegar a Raglan. Pero no llegué. Se me ocurrió la brillante idea de en lugar de coger la carretera principal ir por el campo. Total hemos venido para vivir la aventura y no tengo prisa pensé. Bien, creo que es la peor idea que he tenido en todo el viaje…jajaja.

La verdad que las rutas han sido increíbles. He conocido pueblos muy auténticos alejados de todo, la gente me ha recibido con una amabilidad de otro mundo y he estado viendo competiciones de esquilar ovejas. Pero ha sido muy duro. Cargar con la tabla de surf por los caminos de tierra y esas cuestas es realmente un infierno. Es cargar con el doble de peso, es hacer el doble de esfuerzo. Hacer 80 kilómetros es una tortura con todo ese equipaje. Por eso he puesto eso en el vídeo de “wrong way” (sentido contrario). Porque cuando hablaba a la cámara acerca de la ruta que iba a hacer no sabía lo que me esperaba.

Como veréis la luz, los colores, el paisaje ha cambiado mucho. Ha llegado el pleno otoño y hace un frío que te cagas. Ya no es eso lo que me molesta, sino que ahora llueve más que antes. Por lo general cuando voy montando en bici y llueve tanto estoy tan indignado que ni grabo. Así que casi siempre lo que veis son imágenes de cuando estoy contento. Es decir, cuando hace sol. Hay días que quito en los capítulos porque no he podido moverme debido a la lluvia. Si está lloviendo sin parar no puedo ir con el carrito y todo el equipaje por los caminos de tierra.
Pasé un par de días en New Plymouth después de publicar el capítulo 14. Tobi ya se fue a Alemania y me quedé en casa de sus amigas. Ese pedazo de casa que saco en el vídeo. Me dejaban el coche para ir a surfear. Estuvo habiendo unas olas que yo no quería ni irme de allí; pero tenía que seguir. Lo que veis en el vídeo es la playa de Fitzroy. Yo no sabía que había olas de tanta calidad allí. Pero la verdad que he tenido unos días de surf increíble en esa playa.

También llegó la madre de Katie a la casa y nos hicimos muy amigos. Ella, Anita, es profe de fotografía y de arte en su cole en Hamilton y me ha invitado a explicar en sus clases mi proyecto. Así que en algún momento de estas semanas iré a visitarla.
Entonces retomé la marcha y me subí al potro como dice “Colorado on the road”. Llegué a Urenui y me hice amigo de los chicos de una taberna. Me dejaron acampar en su jardín y al final me tuve que dejar invitar a unas pintas. Unos tíos de campo encantadores muy amables que me ofrecieron de todo y con los que pasé un rato muy divertido. Querían que fuera a verles de camino y quedarme en su granja durante el tiempo que quisiera. Y me hubiese encantado, pero es que necesito avanzar un poco y si me desvío tanto de los caminos las rutas de hacen eternas en la bici. No puedo hacerlo todo.
Me estuvieron hablando de cómo han cambiado los pueblos de alrededor de New Plymouth. Decían que por ejemplo Oakura se había llenado de casas grandes lujosas y de coches buenos cuando antes nunca había sido así. Explicaban que eran las nuevas generaciones de la gente que ha trabajado la tierra durante toda la vida las que estaban cambiando el contexto. Estaban enfadados porque no habían conocido el trabajo de la tierra pero ahora tenían el dinero del esfuerzo de sus antepasados.
Yo les decía que por lo general, la gente de mi generación, los que hemos podido ir a la universidad, casi todos hemos crecido en un entorno urbano. Que aunque conocemos el campo, no hemos conocido el trabajo de la tierra como lo han hecho ellos y que nuestras manos no están tan echas polvo. Y se morían de la risa de ver mis manos sin un rasguño.
Yo me sentía un hombre totalmente enclenque a su lado pero les dije que no era nuestra culpa; es el contexto en el que hemos crecido, pero sabemos hacer muchas otras cosas.
Pero claro la historia es que en Nueva Zelanda, a pesar de que la mayoría de la población viva entre las dos ciudades más grandes, la mayoría de gente que conozco trabaja en la tierra. Porque aquí es lo que hay. Hay más campos que ciudades, más ovejas que personas, más granjas que moscas.

Me estuvieron dando mil indicaciones que parecían muy sencillas para ellos. Yo asentía con la cabeza pero no entendía nada de los puentes que había que cruzar, las acequias y las parcelas de tierra (aquí miden en parcelas a veces). Yo como siempre confiando en mi instinto ciego de “no te preocupes chino, ya llegarás”. Nunca valoro las distancias ni los esfuerzos, siempre pienso que ya llegaré y que ya me pasará algo divertido por el camino, Lo cual está muy bien pero es poco previsor. Y estos días lo he sufrido bastante.

Dejé Mokau después de caminar kilómetros sin nadie por aquellas playas interminables y me adentré en la profundidad de la costa oeste. Ya empezaban los caminos de grava y tierra. Genial para el culo. Alrededor del kilómetro 50 hacia mi destino, Marokopa, yo ya estaba destrozado. Hacía viento suave pero frío, estaba nublado, no había absolutamente nadie. Había bosque y selva al mismo tiempo, árboles como muy exóticos; cascadas, riachuelos, halcones con los que casi te tropiezas. Olía a madera mojada, a caca de vaca, a cabra. Ese olor a cabra que lo impregna todo. Huele bien pero a la vez muy mal; no sé decidirme. Sigo por el camino casi con los ojos cerrados porque no puedo más y llego a la cima desde donde contemplo mi destino. La cima sí, un pequeño puerto de despedida de unos 10 últimos kilómetros interminables y que al día siguiente tenía que hacer de vuelta. Por qué demonios estoy haciendo esto en bici me pregunto. Llego a Marokopa. Un pueblo de 30 habitantes y paso las siguientes 24 horas dentro de una caravana que me deja un vecino porque no deja de llover.
Al salir el sol descubro el río y la playa del pueblo. Posiblemente la playa más bonita que he visto hasta ahora. Ni libros turísticos ni puestas de sol en Tailandia ni leches, aquello era el mar de Tasmania a lo salvaje. El sol se ponía en el horizonte. Rojo furioso de no poder quedarse más. Esa arena negra, los acantilados, las ovejas muertas en el río. Hay que estar preparado mentalmente para contemplar todo aquello uno solo. Era simplemente precioso. Una pena no poder compartirlo con nadie.

Me fui a dar un paseo con la bici. Los sonidos del valle eran una pasada; esa hora en la que ya se ha puesto el sol y los animales parece que se van de fiesta. Voy pedaleando sin rumbo por caminos que bordean el río. Escucho un coche a lo lejos que va por el mismo camino que yo. Es un todo terreno, ya es de noche y por allí no hay nadie. Me extraña un poco. Se para a mi lado. Baja la ventanilla y me dice: “Tío he oído que había un español surfero con una bici por aquí y he venido a buscarte, ¿quieres venir a una competición de esquilar ovejas?
Me quedo mirando al tío y resulta que era “Niv” (no sé cómo se escribe). Es el que organiza Christian Surfers a nivel mundial ¡y yo ya le conocía! le había conocido hacía un par de semanas en la playa de Oakura.
Me sigue con el coche por detrás con las luces para que vaya a dejar la bici e irnos juntos. Voy pedaleando a todo lo que da la maquinaria, con unos nervios por dentro como el que va a sacarse el carnet de conducir. Me ha tocado la lotería en esta vida pienso.

Conversamos durante todo el camino hasta llegar allí. Pido dos birras y me dan un par de litros. La gente me saluda porque dicen que me han visto por los caminos con la bici. Hay granjeros, niños, pasteles de carne, hamburguesas, fish and chips con mucho ketchup. Y empieza la historia. Granjeros de 60 y chavales de 20 compiten por esquilar la oveja en el menor tiempo posible. Por lo que me cuentan esta gente trabaja esquilando ovejas todo el día sin parar. Una tras otra. Se paga por oveja, cuántas más hagas más sacas. Llegan a sacar entre 500 dólares al día me dicen.
El récord 37 segundos. El chico joven vacila entre sus amigos. Qué guay, pienso por dentro, poder vacilar de esquilar una oveja más rápido que nadie en lugar de vacilar de cuántos mojitos te has tomado en la terraza del ático de algún edificio ¿no?

Niv me devuelve a Marokopa, me enseña su casa que construyó allí con sus amigos y su mujer cuando se casaron y me habla del pueblo como su paraíso.

Por la mañana salgo lo antes posible, con el miedo de no llegar a tiempo a Kawhia. La ruta parecía interminable y no quería llegar a mi destino reventado como si hubiese hecho la Paris-Dakar corriendo.
Subo no uno sino dos pequeños puertos, paro a comer unas siete veces. Llego al lado sur del puerto de Kahia. Conocido por sus historia Maorí y por ser uno de los primeros puertos a donde llegaron.
Todavía quedan unos 30 kilómetros y el camino se empieza a reír de mí. La carretera que bordea el puerto de Kawhia tiene más curvas que una montaña rusa. Aquello no acaba, se hacen las 16:00 de la tarde y todavía no he llegado.
Entonces me suena en la música una canción de Edith Piaf de los años 60 llamada “Non, je ne regrette rien” que no sé por qué curiosa razón llevo y me veo desde fuera, sudando como un cerdo, la cara roja, una bici con una tabla de surf enganchada, un español en la otra parte del mundo jodido en una cuesta muy empinada. No puedo más y echo un grito así como de compasión por mi mismo y descubro que el eco me lo devuelve a los tres segundos. Y me entra la risa y me tengo que parar.

No he llegado a Raglan pero estoy en Oparau Road House. La próxima os contaré acerca de este sitio en el que Bill y Brenda acogen a cualquiera que quiera quedarse a dormir. También te dan de comer y lo que te haga falta.
Son las nueve y media de la mañana. Entra un rayo de sol entre el corcho del aislante del barracón en el que duermo y la puerta improvisada de chapa. Heuele a mantequilla y a hierba mojada. Es hora e salir y encontrar mi camino hacia donde tanto me está costando llegar. La ola más larga de Nueva Zelanda. Raglan.

Ahora solo me queda agradecer y devolverle al mundo una sonrisa por todo lo que me está pasando, por todas aquellas personas que me ayudan y por todas aquellas que necesitan ayuda.

¡Espero que estéis viviendo y disfrutando de esta aventura tanto como yo lo estoy haciendo!
Para mí es un privilegio poder hacer de esta pasión un trabajo y que gracias al apoyo de marcas como Microsoft este sueño sea realidad. Todo lo que veis lo he grabado con un Nokia Lumia 1020 y editado en una Surface Pro que llevo en una alforja.

¡Gracias a todos los que hacéis posible que esto funcione!
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Music:
Special thanks to Pedro Herández (PeterFunkProject) quien compone las canciones que escucháis en mis vídeos. Podéis ver sus temas haciendo click aquí para ver sui canal de YouTube (https://www.youtube.com/user/PeterFunkProject)

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Un comentario en “#dontfollowthisbike capítulo 15 de New Plymouth a Raglan

  1. Chino soy Urri, amiga de Luci. Sigo tus videos y tu blog cada semana como si fuese una serie televisiva, pero no! lo que estás haciendo es real! Es un ejemplo para mucha gente que no se atreve de salir de sus casas para probar las cosas que nos están esperando en todas las partes del mundo. Es brutal todo lo que estás conociendo, desde los paisajes hasta las personas, e incluso a ti mismo, por eso te digo: ANIMO JODER!!!! todo ese cansancio está mereciendo la pena, jamás te olvidarás de todo lo que estás viviendo, y no solo tú sino toda de las personas que seguimos tus historias como quien lee nervioso Harry Potter para ver que le pasa en el siguiente capitulo. Gracias por enseñarnos las cosas bonitas de ese país! y ole tus huevos! te deseo mucha mierda en lo que te queda de aventur

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