#dontfollowthisbike chapter 11 from Wellington to Whanganui

chapter 11

Capítulo 11. Conseguí dejar atrás de Wellington. He recorrido por la costa oeste de la isla norte unos 230 kilómetros más. Es decir que estoy rozando los 3.000kms.

La autopista que va hacia la “Surfing highway” salía de Wellington hacia el noroeste, pero no iba por la costa en su primer tramo. Según el mapa la costa oeste/suroeste de Wellington parecía que era preciosa. No se apreciaban carreteras, apenas poblaciones, tan solo bosques, ríos y playas. Así que decidí ir hacia allí.
Echaba de menos estar en un sitio más tranquilo, dormir en la tienda, estar cerca del agua. Sabía que sería difícil coger olas por esa zona porque está bastante protegida y no recibe mucho mar, pero también sabía que merecería la pena conocerlo.

Y entonces comenzó la aventura.

El camino hacia Makara beach era precioso. Por primera vez sentía la luz de otoño. El tiempo había cambiado mucho. Era un día soleado pero con un viento muy frío. A mi lado, entre praderas verdes, transcurrían ríos pequeños de agua cristalina donde vacas, patos y cabras pasaban el día. Parecía la típica escena que uno construye en un belén cuando es pequeño.
No había nadie por ningún sitio. La carretera se empinaba hacia abajo y enseguida llegué a Makara Beach. Una playa preciosa de cantos rodados y rocas rodeada de montañas muy altas. Luz de otoño, agua clara, mar tranquilo. Sigo sin ver a nadie pero aquel lugar era tan tranquilo que me invitaba a pasar la noche allí. Estuve caminando al borde del mar, subido por las montañas y hablado con las cabras.
El frío y la luz otoñal me hacían sentir que estaba solo. Hasta ahora no había tenido la sensación de que el invierno llegaba y de que me quedaba todavía tanto tiempo pedaleando y tantos kilómetros por recorrer.

Uno piensa que está preparado para este tipo de aventuras por las ganas de empezar pero a veces no es tan fácil. He tenido situaciones en las que me he llegado a enfadar mucho conmigo mismo, a verlo todo negro. Son en esos momentos en los que hay que aprender a valorar la propia soledad, la aventura en sí y sobre todo aprender a darse de cuenta de lo mucho que queda por aprender. De lo joven y débil que es la mente. Entonces uno asume que esto no es nada. Es una soledad temporal; la soledad de verdad es otra cosa.

Al fin y al cabo es una suerte poder estar haciendo esto; más aun cuando sabes que en casa siempre tendrás cobijo. Ya le gustaría hacer algo así a mucha gente que no tiene ni para comer.
¿Cómo sería emprender un viaje en el que no existe vuelta? El hecho de pensar que no vas a volver a casa, que no vas a volver a hacer lo que hacías antes, que te lanzas al mundo a aprender como si fueras un niño pequeño. El simple y mero hecho de CONOCER el mundo. Valientes aquellos que lo hacen y que además ayudan a comunidades de gente necesitada. Otro hecho que te para los pies en la tierra y te hace ver que el viajar así es un privilegio. En otras partes del mundo ese tiempo lo tienen que emplear en buscar comida.
Encima de mi cama tengo un recorte de Antonio Gala que dice algo así como que los humanos no deberíamos plantearnos nuestra existencia hasta que hubiéramos conseguido acabar con la pobreza en el mundo. Es muy injusto que unos tengamos tanto, incluso para hacer un viaje en bici alrededor de un país, y otros tengan tan poco.

Volviendo al viaje, dejé Makara Beach después de una muy larga conversación con Hellen; la artista del pueblo.
Volvían las vacas, los ríos, los patos y las cabras. Mi ilusión era acercarme a una zona de mar más expuesta y poder surfear. Sabía que las olas empezaban dentro de poco. Pero el camino era duro. Sólo había una autopista hacia los pueblos del norte. A pesar de recorrer varias playas y asomarme a lo largo de toda la costa desde Titahi Bay hasta Pakerua aproximadamente, no encontré nada de olas. Yendo por la autovía encontré un tren. Decidí intentar subir para avanzar un poco, dejar la horrible autovía y acercarme a la región de Taranaki. A las olas.
Aquí como son tan simpáticos hicieron lo imposible por meter mi bici, mi trailer y mi tabla de surf en el tren. Gracias Kiwis.

LLegué hasta Waikanae con el tren y tampoco había olas. Entonces me estaban entrando seriamente  ganas de surfear. Casi que ahora era ya solo tozudez. El siguiente destino viable y ya muy cerca de Taranaki, la región de las buenas olas, era Whanganui. Era un camino largo, estaba lloviendo y hacía frío. Sí, frío de verdad es lo que ha llegado. Yo soy Alicantino, ¿qué le voy a hacer? en Alicante cuando llueve no se va al cole ni se hace nada. Uno se queda en casa mirando por la ventana alucinado de tal maravilla natural.

Pero entonces vi una feria en la que había un concierto, perritos calientes y mucha gente de todas las edades. Até el carrito a la valla y me permití un parón en el camino para ver qué estaba pasando por allí.
Acabé bailando en el concierto, conociendo y hablando con gente muy divertida y simpatiquísima. Aranaud, un francés que se ha ido a vivir a Napier (costa este de la isla norte) para vender su sistema de bicicletas asistidas eléctricas. Entrevisté a los chicos de Fair Traid, que hacen una labor preciosa ayudando al mundo con el comercio justo y cosas muy interesantes para impulsar a comunidades de países en vías de desarrollo. Y descubrí a un grupo de activistas en defensa de la vida marina alrededor del mundo. Se llaman Sea Shepherd y patrullan por las costas velando por la seguridad de muchas especies que son atacadas ilegalmente. Como puede ser la pesca de ballenas o, algo que está siendo un punto caliente estos días, el “shark finning”; que consiste en pescar tiburones para cortarles las aletas. Después los devuelven al mar pero muchos mueren porque no tienen capacidad para nadar.
La sopa de aleta de tiburón es muy valorada en países asiáticos y por eso existe una fuerte demanda de este producto.
No es que pescar tiburones sea una práctica negativa en sí pero es que el “shark finning” aprovecha tan solo un 2% de la carne de un tiburón. En la mayoría de países del mundo es una actividad ilegal, pero en Nueva Zelanda no. El tiburón es una de las especies más importantes en el ecosistema marino. Según me contaron los de “Sea Shepherd” es necesario acabar con el “shark finning” cuanto antes.

Retomé la marcha y llegué a Whanganui bastante tarde, como a las nueve de la noche. Estaba oscuro pero las predicciones daban muy buenas olas para por la mañana; así que a mí me daba todo igual, por la mañana iba a surfear buenas olas por fin. El pueblo parecía bastante industrial, la verdad es que me había entrado un poco de canguelo. Los de la gasolinera me habían dicho que la playa era un lugar muy aislado y que no pusiera allí la tienda porque podía ser “atacado” dijeron. Yo me quedé de piedra, aunque estos son muy exagerados para esas cosas.

Conseguí finalmente dormir bajo techo, no os preocupéis. Os lo contaré en el siguiente capítulo porque no quería alargar el vídeo demasiado.

Dentro de muy poco comienza la región de Taranaki. Sinónimo de el mejor surf de la costa oeste de la isla norte. Por favor que sea verdad.
¡Espero que estéis viviendo y disfrutando de esta aventura tanto como yo lo estoy haciendo!
Para mí es un privilegio poder hacer de esta pasión un trabajo y que gracias al apoyo de marcas como Microsoft este sueño sea realidad.

Gracias a todos los que hacéis posible que esto funcione.

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