#dontfollowthisbike chapter 9 from Marahau to Wellington

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Capítulo 9: ¡He llegado a la isla norte! Aprovecho para responder a la avalancha de preguntas “Pero Chino, ya te has recorrido la isla sur entera??” No, recordad que empecé en Dunedin. Es decir, que todavía me queda toda la costa este de la isla sur. Y la haré de vuelta. Estoy cumpliendo con el boceto de “mi ruta” que tengo en la web y está todo controlado 🙂
Además, la zona que voy a recorrer ahora está llena de olas buenas y seguramente me quede más tiempo en algunos sitios. He oído algo así como la “surf highway”. Dios quiera que sea verdad.

Ya estoy en Wellington, la capital de Nueva Zelanda. He hecho unos 350 kilómetros más. Llevo en total unos 2.550kms recorridos.
Esta ciudad mola tanto que voy a reservarla para el capítulo 10. En este capítulo 9 veis las penas y glorias que me ha costado llegar hasta aquí. Como siempre, a prisa y corriendo, pero llegué a coger el ferry. Me acordé mucho de mi padre que me dice que siempre voy corriendo a todos sitios. Me hizo mucha gracia pensar que estoy recorriendo 16.000 kilómetros en 10 meses y llego tarde a un ferry. Jajaja, disfrutando de mi desorganización.

Dejé aquel paraíso de Marahau para ir hacia Picton. Sabía que iba a ser una semana dura hasta llegar a Picton para poder cruzar. Además sabiendo que no iba a encontrar olas casi seguro. Es una zona que no está muy expuesta al mar.
El mapa dibujaba una serie de rías, montañas y valles profundos que me daban un miedo que no quería ni mirarlo. También por cumplir con mi estrategia de viaje; la de ir “a la marcheta” como decimos en mi tierra, es decir, a ver lo que pasa.

Quise pasar por Motueka para despedirme de mis amigos y enseñarles el capítulo en el que salen ellos. Estaban flipando, les había encantado. No se podían creer que salieran hablando tan serios en aquella pequeña obra de arte tecnológica. Por eso tuvimos que celebrarlo y al final acabé quedándome allí otro día más.
Al día siguiente me iba, por segunda vez, de Motueka destino a la isla norte. Estaba ya desesperado por salir de aquella zona, tan bonita, pero casi sin surf.

Pasé un par de días en Nelson; la segunda ciudad más antigua de Nueva Zelanda. Una pena que no pude contactar con una familia de allí que había conocido montando en bici por la costa oeste. Tuve que acabar en uno de esos campings gigantes horribles. Esos donde todo el mundo friega sus platos a la misma hora sin hablar y donde está la televisión encendida 24 horas. Hay caravanas de plástico gigantes que hacen mucho ruido y tienen microondas. De despedida, alguien te deseará un buen viaje con acento alemán. Sí, yo creo que en Nueva Zelanda hay más guiris alemanes que Kiwis.
Anduve merodeando por la playa, conociendo a la gente de allí y al marcharme me encontré con mi amigo Mike de Motueka haciendo autoestop.
Continué haca Havelock. Me adentraba en la jungla otra vez. Volvían las cuestas, los camiones, los ríos y la nada en general. Montañas y valles exuberantes de naturaleza y largas horas pedaleando sin encontrarte a nadie. Un paisano del campo que conocí me dijo que él montaba en bici por allí y que había un río llamado “Pelorus river” que al parecer era una maravilla. Me aconsejó parar allí a pasar la noche porque me iba a encantar y al día siguiente intentar llegar hasta Picton. Lo que no me aconsejó es que no pusiera la tienda de campaña a la altura en la que se la lleva el río cuando llueve. Jajaja.

Al llegar allí no daba crédito, no había nadie, no se oída nada, era un río azul con un color increíble en un lugar precioso muy tranquilo donde pasar la noche iba a ser muy guay. La cosa es que no estaba solo. El muy personaje de Lars también había descubierto aquel lugar; y al verme pasar me invitó a una copa de vino. Genial, allí estaba yo, recién llegado a Pelorus river, después de bañarme en el río y a punto de acomodarme en una silla de camping con un fino vaso de vino en mano, como los que les gustan a las madres.

Lars es un Danés de 58 años que básicamente lo que hace es pasárselo bien. Pasamos la noche juntos riéndonos mucho, fuimos a pescar al caer el sol y estuvimos hablando hasta muy tarde.
Por la noche cayó la de “San Quintín” y me despertaron los guardas forestales diciéndome que quitara la tienda de ahí si no quería morir. Me llevaron a un refugio y me dijeron que tenía que quedarme allí los próximos tres días porque iba a haber inundaciones. Madre mía, tres días más allí metido en la jungla lloviendo sin parar, me iba a dar algo. Podía tomármelo con mucha calma o bien arriesgarme y ponerme a pedalear; pero no pintaba muy bien la verdad.
Mientras me lo pensaba conocí a un ciclista que iba en el sentido contrario a mí y también se había empapado y me dijo que por la tarde iba a salir el sol unas cuatro horas. Me dijo algo así como que si quería salir vivo de allí me pusiera a pedalear echando leches. Era lo que necesitaba para llegar al siguiente pueblo y acercarme más a Picton. Así que recogí el tinglado y me puse a pedalear a todo lo que daban las patas. El tiempo me acompañó, llegué a Havelock y conocí a unos chicos que me invitaron a su casa a dormir.
Por la mañana sabía que iba a ser horrible llegar a Picton; pero podía hacerlo. Me hacía cierta ilusión llegar a Picton en condiciones extremas. Daban lluvia, truenos y rachas de viento de 45km hora. De verdad que cuando hice el primer kilómetro y ver que la carretera era de grava me entró como una angustia que estuve a punto de darme la vuelta. Estaba muy negro y no sabía cómo iba a ser el camino, me agobié mucho de pensar que me iba a ahogar o algo pero no podía ser tanto, así que no podía ser tan cagueta, había que continuar.
Después de dos pinchazos, subir y bajar tropocientas mil cuestas; un camino por cierto precioso, escuché el sonido de un barco muy grande. Ya había llegado. Era el ferry de las 13:00. No sé cómo pero llegué a tiempo de milagro. Y me encontré a Lars dentro. Me invitó a un fish and chips; hablamos con el capitán del barco, charlamos durante varias horas en la cubierta con un viento extremo y llegamos a Wellington.

Allí estaba yo, recién llegado a la isla norte. La capital de Nueva Zelanda enfrente de mí. Me hacía un poco de ilusión eso de cruzar de isla. Quizá por un recuerdo de la infancia o por la portada de la cinta de Ibiza Mix 95 pero a mí me parecía que el hecho de cambiar de una isla a otra significaba cambiar de mundo. Como si en una isla viviera una gente y en otra un mundo totalmente diferente.

Todavía me quedan unos cuantos kilómetros y días para verlo y contároslo. Y sobre todo unas cuantas gentes que conocer en este maravilloso país. 🙂

¡Espero que estéis viviendo y disfrutando de esta aventura tanto como yo lo estoy haciendo!
Para mí es genial poder hacer de esta pasión un trabajo y que gracias al apoyo de marcas como Microsoft este sueño sea realidad.

Gracias a todos los que hacéis posible que esto funcione.

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Music:
Songo – La Mujer de Antonio
Jahzzar – Starting Point

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3 comentarios en “#dontfollowthisbike chapter 9 from Marahau to Wellington

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