#dontfollowthisbike chapter 8 Motueka and Marahau

chapter 82

En este capítulo 8 he estado deambulando por la región de Nelson, conocida como la zona más soleada de Nueva Zelanda, y por el auténtico paraíso del Abel Tasman national park (si le quitaran los water taxi y los autobuses de guiris lo sería más)

Llevo hechos unos 2200kms y he disfrutado de la vida tranquila de esta zona, de hacer un montón de amigos y de tanto sol por fin. No he podido cruzar el Abel Tasman en bici porque no está permitido y por eso he tenido que hacer una ruta interna. Eso significa subir la montaña más empinada de Nueva Zelanda; la Takaka Hill. Pero fue divertido.
Pasé en Takaka unos días, donde por cierto me encontré con mucha gente conocida no sé por qué y conocí a Tine. Una alemana que también va en bici por la isla. Ella estaba trabajando en un hostal a cambio de alojamiento. Algo muy conocido en  Nueva Zelanda y que llaman “Woofing”.  Tine es triatleta y profesora en Dortmund y me estuvo contando una manera que tiene de dar clase muy interesante.
Ella sale en el vídeo diciendo que las clases en la que el profesor se enfrenta a los alumnos de una manera frontal son buenas pero en periodos de tiempo muy cortos. Las clases en las que todos los alumnos pueden verse y hablar son en cambio más productivas según ella. El motivo es que es muy importante hablar con tus compañeros; si resuelves un problema de esta manera seguramente lo recuerdes y entonces habrás aprendido de una forma más natural. Una clase en la que solo habla el profe hace que algunos alumnos pierdan la atención y dejen de escuchar. Entonces dejas de aprender.

Mientras me explicaba esto yo me acordaba de esos profes en el cole en casa que tan solo por dirigir la mirada al compañero de al lado te echaban de clase…jajaja tendría que haberle dicho al profe que me dejara hablar con mis compañeros porque así iba a aprender más!

Al sur de Takaka hay un par de puertecitos muy graciosos y unas playas muy guays; sería digamos la entrada al parque natural de Abel Tasman por el norte. Pero no podía cruzarlo para seguir hacia el sur así que estuve unos días por allí investigando y luego volví a la ruta. Le di de comer a unas mantas que se dejan ver cerca de Tata beach y me quedé a dormir en el jardín de una señora muy maja que me dejó un huequito.

La mañana siguiente me tocaba la “hill”; quería salir prontito por si las moscas. Desde abajo parecía una locura pero bueno no tenía prisa. Sabía que era dura pero poco a poco todo se consigue así que me puse en la alforja delantera todo tipo de frutas que tenía y para arriba.
La Takaka hill son 800metros de subida y separa por su parte norte a los pueblos de la Golden Bay de los pueblos del Tasman Bay. A lo que los neozelandeses llaman “over the hill”. Como si la civilización estuviera a ese lado sur.
Subirla me llevó dos horas y media. Sí, estilo caracol pero es que con el peso que llevo hay que ir poco a poco. Imaginad a los guiris en las furgonetas viendo a un tío subiendo la cuesta más empinada de Nueva Zelanda con una tabla de surf y la cara como un tomate…la gente me pitaba como para darme ánimos.

Quería ir hacia Marahau. Después de la Takaka Hill eran unos 20kms más pero cuando vi el desvío llevaba ya hechos 65kms y había otro pequeño puerto de montaña para llegar. El cartel hacia Motueka decía 7km y era plano. Así que me fui a Motueka a por una napolitana de chocolate y a ver qué pasaba por allí.
En lo alto de la montaña conocí a una familia que vivía allí arriba y me escribieron en un papel “Motueka backpackers, Lindsey, make it cheap for this spanish biker”. Fui allí y entregué el papel. El dueño me recibió como si fueramos amigos de toda la vida. Y entonces empezó la historia.

Allí viven neozelandeses, familias maorís, canadienses, checos, alemanes y franceses y la mayoría trabajan recogiendo fruta. Van a trabajar en la fruta y luego viven en caravanas en comunidad; todos son amigos y comparten casi todo. Parecía estar viviendo en las películas de lo 80. La gente me había acogido como a uno más y allí cada día pasaba algo.
Mike vino a preguntarme que si quería ir con ellos con el Pontiac. Me dijo que se iban a la “jam” de los jueves. Me uní al plan sin pensármelo y me vi, recién llegado a Motueka, en un Pontiac del 78 azul turquesa, con la cabeza por la ventana, Mike al volante, Peter a la música rockabilly y Josh a mi lado.
Los asientos olían a piel, estaba atardeciendo, la brisa corría fresquita y nos adentrábamos en las curvas de la montaña. Se hacía de noche y las estrellas brillaban. No tenía ni idea de hacia dónde íbamos pero era el mejor plan del mundo.

Motueka es un pueblo de 7.000 habitantes que tiene una vida increíble. La gente vive muy tranquila, hay una buena mezcla de nacionalidades y, en general, es un sitio agradable y divertido para vivir. Las playas de alrededor son muy chulas pero no tienen olas. El Farewell Split protege a toda la Golden Bay y la zona casi no recibe mar como para que haya olas. Aunque algunos días sí se puede surfear.
Estuve un par de días por allí porque los chicos me trataron muy bien y me costó mucho despedirme de ellos. Es más, les he prometido que a mi vuelta desde Marahau volveré a pasar por Morueka a visitarles.

Retomé mi camino y me fui a Marahau. Es un pequeño pueblo justo al otro extremo del parque natural de Abel Tasman. Es decir, al sur. He explicado en el capítulo cómo estoy poniendo mi ruta en OneNote para que entendáis bien por dónde voy.

Marahau es un lugar en medio de la naturaleza más bella que he visto hasta ahora. Encontré un sitio donde poner la tienda al borde de un río, hundido en un profundo valle donde no se oía nada. No me lo podía creer; detrás de mi estaba el mar a lo lejos y el comienzo del parque natural. Unas vacas de por medio, caballos negros y pájaros de todo tipo. A mi lado el sonido fuerte del agua pura corriendo y un par de patos. Era muy tanquilo, quería pasar solo un día allí pero aquello era demasiado como para no investigarlo. Así que he estado aquí haciendo el capítulo 8. Más a gusto que un arbusto.
Por las mañanas he estado visitando las playas del parque natural Abel Tasman . Kilómetros y kilómetros de playas y calas increíbles donde no hay absolutamente nadie. Estás allí, tu solo, el sol radiente, el agua clara; un mar infinito delante de ti y un bosque brutal detrás. Los ríos bajan y desembocan en la arena.
Y no lo puedes compartir con nadie. Te revuelcas como una croqueta en la arena, te bañas, hablas con un par de pájaros y te grabas a ti mismo con la ilusión de que alguien en algún lugar del mundo pueda ver, aunque sea en vídeo, un trozito de tal paraíso.

La verdad, no me quiero ir de aquí. Pero me muero de ganas de surfear y la isla norte sé que va a darme muchas alegrías. Así que retomo la ruta de camino a Picton. En una semana aprox estaré llegando a allí para cruzar en el ferry a Wellington. Y que empiece la historia en la costa oeste de la isla sur

🙂

¡Espero que estéis viviendo y disfrutando de esta aventura tanto como yo lo estoy haciendo!
Para mí es genial poder hacer de esta pasión un trabajo y que gracias al apoyo de marcas como Microsoft este sueño sea realidad.

Gracias a todos los que hacéis posible que esto funcione.

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Music:
The Roots – The seed
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Funa O Fangatapu
Chris Herb – Unsunny Sundays

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